CuenCANP celebra el solsticio de verano con una ruta de 11 kilómetros por vías pecuarias y bosques junto al río Gigüela

Senderismo y patrimonio se unen en una ruta circular por Villar del Horno
La actividad, explicada por Francisco Javier Rodríguez Laguía en el espacio Caminos, naturaleza y patrimonio, combina senderismo, divulgación histórica y patrimonio natural. El recorrido permitirá conocer la singular leyenda de la Virgen de la Subterránea, caminar por una Cañada Real y descubrir el nacimiento y parte del trazado del Camino Natural del río Gigüela.
Mapa de la ruta por Villar del Horno.
Una celebración del verano
La cita coincide con el solsticio de verano, un fenómeno astronómico que la asociación lleva años incorporando a su calendario de actividades. Javier Rodríguez Laguía lo resume como una manera de celebrar “ese momento mágico de cambio de estación en el que el sol se queda quieto”.
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La actividad alcanza ya su cuarta edición y mantiene el objetivo de vincular el conocimiento del territorio con la observación de los ciclos naturales. Rodríguez Laguía recuerda el significado del término solsticio, derivado del latín sol sistere, y explica que en el hemisferio norte el Sol se sitúa sobre el Trópico de Cáncer, provocando que “los rayos incidan más verticalmente sobre España, por lo que lo vemos en su posición más alta”.
Mientras tanto, añade, “pasa lo contrario en el hemisferio sur, donde se empieza el invierno austral y el verano boreal”.
Un pueblo con raíces
Villar del Horno forma parte del municipio de Torrejoncillo del Rey junto a Naharros, Villar del Águila, Horcajada de la Torre y Villarejo Sobrehuerta. Su origen está estrechamente ligado a los procesos de repoblación medieval desarrollados en el antiguo Alfoz de Cuenca. Sin embargo, la ocupación humana del territorio es mucho más antigua.
Según explica Rodríguez Laguía, existen yacimientos arqueológicos que evidencian la presencia de asentamientos correspondientes a la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Además, el territorio conserva la memoria de antiguos núcleos desaparecidos. A finales del siglo XVIII, Villar del Horno tenía como anejos Villarejo Sobrehuerta y Naharros, aunque también existieron otros despoblados como El Zarzoso, La Olmedilla y El Salorente.
La referencia a estos lugares pone de manifiesto que los procesos de despoblación no son un fenómeno exclusivamente contemporáneo, sino una realidad que ha acompañado a estos territorios durante siglos.
Una fuente en Villar del Horno.
La Virgen de la Subterránea
Uno de los elementos patrimoniales más destacados del municipio es la iglesia parroquial de la Concepción y, especialmente, la imagen de la Virgen de la Subterránea. Rodríguez Laguía la define como “una de las tallas más interesantes que pueden encontrarse en la diócesis de Cuenca”. Se trata de una imagen gótica, sedente y policromada cuya historia está rodeada por una llamativa tradición popular.
La leyenda se remonta a 1650 y se sitúa en un antiguo tejar ubicado en las proximidades de la actual Venta de Cabrejas. Hasta allí acudían los conductores de carretas tiradas por parejas de bueyes que transportaban mercancías.
Según el relato, uno de los animales protagonizaba siempre la misma conducta. “Tan pronto como le liberaban del yugo, salía a galope sin detenerse en su carrera hasta llegar a un lugar cerca del pueblo conocido hoy día por la ermita”. Una vez allí, el animal comenzaba a escarbar de manera insistente. La repetición de aquel comportamiento despertó la curiosidad de los vecinos, que decidieron investigar qué ocurría.
“Realizaron una excavación donde el buey se detenía y precisamente tropezaron con un subterráneo donde había una hornacina abierta en la pared y dentro de ella la imagen de la Virgen”, explica Rodríguez Laguía. De esta historia procede la singular advocación de la Virgen de la Subterránea.

Un momento de la ruta por Villar del Horno.
Una ruta por los Altos de Cabrejas
El itinerario diseñado por la asociación tiene una longitud aproximada de 11 kilómetros. La salida se realiza desde la plaza de la Constitución de Villar del Horno, desde donde los participantes avanzan en dirección noroeste siguiendo la margen derecha del arroyo de la Vadeña.
El camino, ancho y en buen estado, discurre por el centro de los Altos de Cabrejas. A un kilómetro del inicio, la ruta atraviesa un arroyo y continúa por un barranco en dirección norte. Uno de los principales atractivos de este tramo es el bosque de ribera, especialmente cuidado y bien conservado.
Pinares, encinas y plantas aromáticas
El paisaje vegetal está dominado por el pino laricio y por la presencia característica del bosque mediterráneo. “La encina es el árbol más representativo”, explica Rodríguez Laguía, aunque también aparecen numerosas especies aromáticas como el romero, el tomillo, la aliaga y el espliego.
A los dos kilómetros del recorrido se cruza un nuevo arroyo que, gracias a las condiciones de la primavera de 2026, todavía mantiene agua. Posteriormente, la ruta gira hacia el este para seguir el Barranco de los Endrinales.
La Cañada Real de los Serranos
Uno de los momentos más exigentes del itinerario llega en el kilómetro tres, cuando comienza una fuerte subida en zigzag hasta alcanzar la Cañada Real de los Serranos. El ascenso concluye y da paso a uno de los tramos más espectaculares del recorrido.
Desde esta posición elevada, los senderistas pueden contemplar amplias panorámicas en todas las direcciones. “A partir de este punto tendremos unas magníficas panorámicas hacia los cuatro puntos cardinales y podremos ver en la lejanía cumbres pertenecientes a la Serranía de Cuenca y altos representativos de la Mancha conquense”, señala Rodríguez Laguía.
El Camino Natural del río Gigüela
La excursión también sirve para dar protagonismo a una nueva edición del Camino Natural del río Gigüela. Este recorrido nace precisamente en los Altos de Cabrejas y, tras completar 238 kilómetros distribuidos en cuatro tramos, finaliza en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.
Rodríguez Laguía destaca que esta infraestructura permite “unir las ciudades manchegas de Cuenca y Ciudad Real” y favorece el conocimiento de los municipios, sus tradiciones, su historia y su patrimonio.
El regreso entre huertos y vegas
A partir del kilómetro siete, el recorrido sigue el arroyo Valhondo, que conforma un valle inicialmente estrecho y rodeado por laderas cubiertas de vegetación.
Poco a poco, la ruta pierde altitud y el paisaje se transforma. El último tramo atraviesa un amplio valle con una fértil vega donde abundan los huertos destinados al consumo familiar.
Antes de regresar a Villar del Horno, los participantes vuelven a cruzar el arroyo Valhondo y completan un itinerario que combina naturaleza, tradición y patrimonio histórico.
Fuente: cadenaser


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