Si pensabamos que las lluvias del último mes iban a ser lo más "anomalo" del 2026, preparemonos que viene el Colapso del vórtice polar podría desatar olas de frío extremo en febrero tras calentamiento estratosférico de hasta 50 °C.
Precedentes históricos de ruptura polar
La historia meteorológica reciente documenta eventos similares con consecuencias devastadoras para el clima europeo. Los registros de fenómenos análogos en febrero de 2018 y enero de 2021 dejaron cicatrices profundas en la memoria meteorológica continental. Estos eventos precedieron a la llegada de la llamada Bestia del Este en 2018 y a la tormenta de frío Filomena en enero de 2021, ambas con repercusiones territoriales masivas y económicas significativas
Impacto previsto en la geografía peninsular española
Para España específicamente, un escenario de colapso polar con división del vórtice implicaría consecuencias meteorológicas complejas y simultáneamente diversas según la ubicación geográfica. La Península Ibérica podría experimentar dos efectos contradictorios pero complementarios: en primer lugar, un incremento notable de precipitaciones originado por la desviación meridional de borrascas atlánticas; en segundo lugar, penetraciones de aire frío continental de procedencia siberiana que rebajan las temperaturas muy por debajo de los valores normales estadísticos para la época invernal.
Las zonas de interior peninsular y las áreas montañosas como León se configuran como territorios particularmente vulnerables a estos descensos térmicos radicales por su ubicación geográfica y características orográficas. Las provincias del noroeste español también se perfilarían como territorios afectados directamente por esta irrupción de aire continental extremadamente frío. Los meteorólogos advierten que, si se cumplen las predicciones actuales, podríamos estar presenciando el cierre del invierno más frío de España en varios años, rompiendo la tendencia de tres inviernos consecutivos sin olas de frío certificadas.










