HAY
UNA HISTORIA DE CUENCA QUE NUNCA SE CITA . Y ES LA REPARTICIÓN DE SU
PROVINCIA ENTRE LAS VECINAS, COMO ALBACETE, GUADALA JARA Y VALENCIA.
1833:
VEINTISÉIS PUEBLOS PARA ALBACETE
Tras
esa primera división del Señorío de Molina a Guadalajara, llega
treinta años después el referido secretario de Fomento, Javier
Burgos, para cortar y recortar territorios sobre el mapa, y en el
caso de la provincia de Cuenca podemos afirmar que se pasó más de
tres pueblos como se dice ahora. Nada menos que cincuenta y un
pueblos, que se dice pronto, y aquí echamos mano del “Nomenclátor
Ilustrado de la Provincia y Obispado de Cuenca”, de Isidro de
Molina Fernández-Moreno, a la sazón secretario de la Diputación
Provincial y catedrático del Instituto.
Esta
publicación se editó en 1883, el año que por vez primera llegó el
tren a Cuenca desde Aranjuez, el 18 de mayo, aunque luego el 12 julio
lo hacía a la propia estación, ya con viajeros. Cito de nuevo a
Cayo Román Cardete, a quien es justo rendir homenaje de recuerdo,
quien señalaba que en ese año de 1833, con la división
territorial, “bajo la regencia de la reina gobernadora, las tijeras
del legislador, siempre prestas a recortar el mapa conquense, en tres
recortes casi seguidos, segregaron, pese a las vivas protestas del
ministro conquense Fermín Caballero, nada menos que cincuenta y un
pueblos, que fueron segregados a las provincias de Albacete y
Guadalajara”.
Las
26 poblaciones segregadas a la provincia de Albacete fueron las
siguientes: Abengibre, Alatoz, Alborea, Alcalá del Río Júcar,
Balazote, Barrax, Casas Ibáñez, Casas de Motilleja, Cenizate,
Fuensanta, Fuentealbilla, La Gineta, Golosalvo, Jorquera,
Madrigueras, Mahora, Minaya, Montalvos, Munera, Navas de Jorquera,
Pozo Lorente, La Roda, Tarazona, Valdeganga de Jorquera, Villalgordo
del Júcar y Villatoya.
También
en aquel otoño convulso de 1833 esa desmembración de la provincia
de Cuenca benefició a Guadalajara, que ya contaba con el Señorío
de Molina que había ostentado nuestra provincia. Nada menos que
veinticinco pueblos, muchos de ellos lindantes con la Serranía
conquense, pasaron de Cuenca a Guadalajara, provincia que al menos
mantiene el sello alcarreño, que también lo tiene la de Cuenca.
Esta relación, aunque algunos de ellos estén prácticamente
deshabitados y figuren como aldeas:
Alique,
Arbeteta, Almadrones, Carrascosa de Tajo, Casasana, Castilforte,
Chillaron del Rey, Córcoles, Escamilla, Huertahernando, Illana,
Millana, Hontanilla, Pareja, Peñalén, Peralveche, Poyos, Poveda de
la Sierra (donde nació el guitarrista enconquensado Segundo Pastor),
El Recuenco, Sacedón, Tabladillos, Torronteras, Villaescusa de
Palositos, Villanueva de Alcorón y Zaorejas.
Comentario
aparte merece el de la Noble Ciudad de Tarancón, que perteneció
como Villa a la jurisdicción de Uclés, que tuvo su importancia en
la Edad Media, y a partir de 1591 incluida en la llamada provincia de
Castilla de la Orden de Santiago, pasando posteriormente a la
provincia de Toledo. En ese afán de esquilmar las tierras de Cuenca
para beneficiar a otras provincias cercanas y linderas, al menos
Tarancón volvió a sus raíces ucleseñas de tanta proximidad, y
sobre todo a sentirse conquense con todos los derechos que había
obtenido.
Después
de esa escisión de localidades tan importantes como La Roda, Requena
o Utiel, era justo que Tarancón perteneciese a la provincia de
Cuenca, tan importante en la Edad Media, junto a otras localidades
cercanas como la ciudad de Huete o la jurisdicción de Uclés y su
Orden de Santiago, de tanto peso.
Pese
al recorte de ese medio centenar de pueblos la provincia de Cuenca
tenía su importancia nueve partidos judiciales. Recoge muy bien el
“Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus
pueblos de Ultramar”, conocido como el Madoz, editado en 1850, un
año antes de la escisión del partido judicial de Requena de Cuenca
a Valencia, que la provincia tenía en 1844, según el Registro
Municipal, un total de 54.837 vecinos, que eran familias, mientras
que el número de almas, o sea habitantes, era de 218.087, aunque la
estadística variaba según el organismo que lo facilitaba.
Carmelo
Arribas Pérez