Pasear por su perímetro permite descubrir detalles defensivos, vistas únicas y la belleza austera de una fortaleza que ha sobrevivido a guerras, revueltas y propietarios ilustres
Foto: https://castillosricsol.es/castillo-de-huerta/Cuenca, tierra de paisajes agrestes y horizontes infinitos, esconde entre sus colinas y valles un legado de castillos medievales que narran siglos de historia. Desde fortalezas que vigilan la hoz del Júcar hasta atalayas que se alzan sobre pequeños pueblos, la provincia invita a los viajeros a descubrir sus joyas defensivas, marcadas por la leyenda y la arquitectura singular. Entre estos monumentos, el castillo de Huerta de la Obispalía destaca como testigo silencioso de luchas nobiliarias y cambios de poder en la Castilla medieval.
En la cima del pueblo que le da nombre, el castillo se erige como referencia visual y corazón patrimonial de la localidad. Su silueta alargada, que recuerda la forma de un barco varado en la colina, domina una ladera salpicada de casas y se funde con el entorno rocoso de Cuenca. De hecho, fue construido principalmente con piedra extraída de las cercanas Peñas del Blanco y argamasa de cal y arena, sobreviviendo a siglos de guerras, cambios de propietarios y adaptaciones rurales.
Orígenes y huellas de civilizaciones antiguas
Los orígenes del castillo de Huerta de la Obispalía se remontan, según los vestigios conservados, a un antiguo asentamiento ibero y a una fortaleza de época árabe del siglo X. Sin embargo, la estructura visible hoy en día corresponde, en gran parte, a las reformas y ampliaciones realizadas en el siglo XV, en pleno conflicto dinástico entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica por el trono de Castilla. Cabe destacar que la Huerta de la Obispalía fue en la Edad Media capital de los feudos de los obispos de Cuenca, posición que explica la importancia estratégica del castillo.








