En la Serranía de Cuenca, como en tantos otros paisajes castellanos, durante siglos, antes de que el sol se alzara sobre el horizonte, una voz cantaba en el camino que lleva al viejo corral. Redil de cuatro paredes de piedra. Al despuntar el alba, cientos de cabezas de ganado pastaban las laderas de tomillo y espliego, los prados de grama y trébol…
Si hoy es el silencio adornado con cantos de pinzones, totovías o carboneros, entonces era el golpear de los badajos de los cencerros adornado con balidos, rebuznos y mugidos. De aquel sonido retumbante, campanudo y monótono surgieron dichos populares como “estar como un cencerro” o “dar la cencerrada” a aquellas parejas de gran diferencia de edad o viudos y viudas que se les ocurría volver a casarse.
Más allá de ese escenario sonoro que se integraba en la sociedad, los ganados eran sociedades en sí. Sociedades matriarcales y femeninas donde los carneros, toros o machos cabríos, reducidos en número, tenían únicamente la función de sementar el futuro. Dependiendo de la edad existía una jerga peculiar que nombraba, en el caso del ovino, corderos, primalas, andoscos o viejas; en el bovino, terneros, becerros o añojos; y en el caprino, chotos o cegajos. Eran el carnet de identidad, sus dientes – como hasta hace no mucho pasaba en el género humano – pero al pastor le bastaba un vistazo a los ojos de su res para poderla reconocer.
Y entre la espesura de aquella sociedad del rebaño, sin importar el viento, la lluvia y el sol, la silueta del pastor. Acompañado de su garrota y sus fieles perros dirige el ganado en busca de verdes pastos. Pero el pastor es mucho más que un simple director, es una lengua jugadora con camperas estrofas, unas manos ebanistas y artesanas y unos ojos conocedores de pájaros, insectos y plantas. Alejado de pizarras y libros, su sabiduría mama de romeros, enebros, aliagas y espliego, se camufla con la naturaleza, y con el paso del tiempo se hace veterinario, cantor, botánico, artesano y médico.
La vida del pastor tenía como máximo fin buscar buenos pastos y sanar las heridas del ganado para que este gozara de buena salud, y por ende de buena carne y buena leche. Pero también precisaba de sal y agua. Para la primera se llevaban a las salegas donde sobre grandes piedras tomaban su necesitada sal y para la segunda se buscaban pozos y fuentes donde, en largos tornajos de madera o en pilas labradas de piedra abrevaban. Era alrededor de muchos de estos lugares, cuando el sol rozaba el mediodía, cuando el pastor se tumbaba, buscando la hierba placentera bajo la acogedora sombra de un árbol, para abrir el talego y comer el almuerzo. Y su pensamiento vagaba entre aromas de romero con pensamientos familiares, tristes recuerdos o amoríos en el baile del domingo.
Con los quehaceres rutinarios y el caminar del sol se deshojaba el calendario. Era el momento de las parideras uno de los momentos más afanosos y determinantes para el pastor donde el trabajo es constante y el descanso ausente. Tras ello, en el caso de los corderas se rabotaban para que pudieran ser cubiertas por los machos en su madurez, mientras que corderos, cabritos y terneros eran destinados al poco tiempo para carne. Corta vida para aquellos que nunca llegaron a probar el sabor de la hierba. Al abrirse la luminosa primavera y con ella, flores, cantos, aromas, el abundante pasto daba felicidad a los animales y esta se transmitía a los zagales y pastores. Luego cuando el seco calor se acercaba y el sudor comenzaba a correr por la piel, era la hora del esquileo, rito sagrado y comunal donde la oveja daba su mayor y poderoso tesoro, la lana. Hoy, inexplicablemente, se considera un residuo sin valor. Poco después, el 29 de junio, día de San Pedro, era el día marcado para ajustar a los pastores y decidir si se renovaba contrato o se rescindía. El contrato era la boca; la firma, la palabra.
Dice la voz de Jose Vicente, pastor de Aliaguilla, que “puedes tener una vida entera y siempre una cosa nueva, por eso decimos los pastores que nunca sacamos la carrera, te vas a morir de viejo, aprendiendo”. Mundo inmenso e incalculable el pastoril el cual durante siglos el mundo ganadero fue alma y cuerpo de los pueblos y gentes de la Serranía. Pueblos y gentes de montaña que trashumaban con sus rebaños a tierras lejanas del sur para salvar el yermo invierno serrano. Para alcanzar los mejores pastos de los verdes valles del Campo de Calatrava, Valle de Alcudia y Sierra Morena, se seguían caminos ancestrales que atravesaban fuentes, vaguadas y collados, una red de cañadas, cordeles, veredas y coladas que se institucionalizaron en el siglo XIII con la creación del Honrado Concejo de la Mesta.
Y entre las razas trashumantes, fue la oveja merina y su lana fina el emblema castellano. Durante los siglos XV y XVI, se forjó con ella una poderosa industria textil que hizo de Cuenca una potencia comercial europea y punto de encuentro de numerosos mercaderes genoveses y holandeses. Para 1528, se mencionan 660.000 cabezas de ganado en el Partido de Cuenca. En 2020, son 15.000 cabezas. ¿Se podría comprender nuestra tierra sin la lana? ¿Se podría comprender sin ella a la especie humana? Imposible.
No obstante, aquel esplendor merino y textil se desplomó en el primer tercio del siglo XVII y ya no pudo levantar jamás cabeza. Detalla esta debacle el “Memorial” que hace Don Alonso Muñoz, cabeza de la cuadrilla de Mesta de Cuenca, y que presentó al Consejo en 1649. Con sus propias vivencias explica como en 1649 solo había la quinta parte de los rebaños que hubo en 1600 y, además, detalla que los años más duros de la crisis fueron entre 1630 y 1633. Sin embargo, si quisiéramos hacernos una idea clara y concreta del número exacto de cabezas de ganado que había en los municipios de la Serranía de Cuenca tenemos que avanzar hasta un siglo después, en 1752, con el censo que establece el Catastro de la Ensenada (1752).
GANADO | Ovino | Bovino | Caprino |
Huélamo | 1385 | 229 | 189 |
Beteta | 15170* | 607 | 1051 |
Villalba de la Sierra | 1201 | 90 | 510 |
Tragacete | 2069** | 340 | 339 |
Las Majadas | 2632*** | 477 | 150 |
Zafrilla | 3866 | 297 | 389 |
Landete | 3709 | 98 | 336 |
Aliaguilla | 3126 | 104 | 2145 |
Santa Cruz de Moya | 1104 | 162 | 404 |
Cardenete | 2143 | 237 | 697 |
Valdemoro Sierra | 1134 | 314 | 368 |
Cañete | 3287 | 473 | 575 |
*14196 ovejas finas trashumantes, 974 finas estantes.
**1224 ovejas finas trashumantes, 845 ovejas estantes.
***1722 finas trashumantes, 910 ovejas estantes.
La crisis de los pueblos castellanos y de la Serranía de Cuenca era evidente, sin embargo, no bajaba del millar de cabezas en ninguno de estos pueblos. Eso sin tener en cuenta como los estragos que hizo la Guerra de Sucesión (1700-1714) se hicieron patentes en varios pueblos serranos como el caso de Huélamo. También destaca el alto porcentaje de ganado trashumante que había en cada uno de estos pueblos y especialmente, el altísimo número en el pueblo de Beteta con con catorce mil ovejas trashumantes que, a principios de noviembres, cuando el invierno se viste con sus telas frías y blancas, buscaban el verde pasto de los valles de Sierra Morena.
Tres décadas después, Mateo López, en 1786, mostraria aún una esperanzadora duda de si la ganadería ascendería en el siglo XVIII o volvería a la decadencia del siglo XVII: “Aún es grande decadencia desde las 400.000 arrobas en 1600, citadas por Caja de Leruela, a las 102.000 que en estos tiempos suelen cortarse”.
Pero el siglo XIX no trajo fortuna ni riqueza, sino un periodo inestable de guerras y una lenta llegada de la revolución industrial. Pero la ganadería y el pastoreo resistió en todos los pueblos castellanos como parte medular de la sociedad. En realidad, no es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se puede comenzar a hablar del comienzo del fin de la ganadería. Fue la mecanización agrícola y el pujante trabajo industrial en la ciudad, cuando se calentó el caldo perfecto para huir de aquella larga miseria que acorralaba a los pueblos y soñar con un nuevo futuro. Y qué decir del pastor que era ejemplo de un oficio pobre e inclemente.
Por ello, poco a poco fueron desapareciendo los rebaños y ganados de nuestros campos, y los pastores quedaron como un fósil viviente de nuestros pueblos. Para comprender la situación actual a la que hemos llegado, es de gran interés, observar el número de cabezas de ganado que ofrece el Censo Agrario de 2020.
Ovino y caprino | Bovino | |
Huelamo | 1710 (3) | 74 a 205 |
Beteta | 0 | 1 a 73 |
Villalba de la Sierra | 400 (2) | 0 |
Tragacete | 150 | 0 |
Las Majadas | 689 (3) | 206 a 438 |
Zafrilla | 5570 (10) | 439 a 876 |
Landete | 3031 (9) | 74 a 205 |
Aliaguilla | 5586 (11) | 0 |
Santa Cruz de Moya | 0 | 0 |
Cardenete | 2708 (4) | 1 a 73 |
Valdemoro Sierra | 2488 (4) | 0 |
Cañete | 1811 (4) | 0 |
Como vemos, hoy en día, persisten, en algunos pueblos, grandes rebaños. Sin embargo, se encuentran concentrados en pocos pastores y ganaderos. Por otro lado, en otros pueblos, como son Santa Cruz de Moya o la ganadería ovina de Beteta, los rebaños han desaparecido totalmente. Hoy, estamos presenciando un cambio en el modelo ganadero. Los conocimientos aprendidos y transmitidos, de generación en generación, se desvanecen. La sabiduría milenaria, tejida con la tierra, se deshila. Por ello, desde Vestal Etnografía y con el apoyo del Grupo de Acción Local PRODESE se ha llevado a cabo una serie de actuaciones para salvaguardar el último aliento del pastoreo tradicional y brindar nuevas oportunidades al futuro que viene. Una serie de entrevistas, un documental y un llamamiento a las instituciones de la necesaria dignificación de este oficio que no es solo fructífero por sus recursos sino evidente para salvaguardar nuestro territorio.
Jose Vicente González en Aliaguilla, Maria Jesús, en La Cierva, Cristino Herraiz, en Cañizares, Cesar, en Zarzuela, Rodrigo, en Villalba de la Sierra, Manolo Cardo, en Vega del Codorno, Juan Vicente Mora, en Zafrilla, Lucien, en Torrecilla y otras tantos decenas de nombres que son los últimos defensores de una tierra que enloquece. De una tierra que se descuida y desprotege para convertirse en carne de cañón para los incendios.
Y aunque la voz del pastor se oculta en el tiempo como un cuento lejano, algunas tardes, cuando el sol cae por el horizonte, y oscurece, se escucha un retumbar de cencerros por el camino que baja del viejo corral. Es la voz de aquel que aprendió el mundo alejado de maestros y pizarras, que tomó por compañero romeros, enebros, soles, vientos y jilgueros y que con el paso del tiempo es veterinario, artesano, botánico, cantor… Luego el rumor se desvanece. Por un momento, hablaba la tierra de esperanzas.
BIBLIOGRAFIA
- Catastro de la Ensenada. https://pares.mcu.es/Catastro/
- Cuadernos de la Trashumancia Nº8 Albarracín-Cuenca-Molina. 1993. ICONA
- Relaciones de pueblos del obispado de Cuenca. Julián Zarco Cuevas. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. Cuenca, 1983. (Transcripción de las Relaciones Topográficas de Felipe II).
- “Restauración de la abundancia en España” (1631), Don Miguel Caja de Leruela
- “Memorial” (1649), Don Alonso Muñoz, cabeza de la cuadrilla de Mesta de Cuenca
- Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Pascual Madoz. 1846-1850. Madrid.
- Los Ojos (2023). Las senderistas de la Serranía: trashumancia y vías pecuarias de Huélamo. https://losojos.es/tierra-y-memoria/las-senderistas-de-la-serrania-trashumancia-y-vias-pecuarias-de-huelamo/
- Los Ojos (2023). Los pastos, diamantes en eterna disputa. https://losojos.es/patrimonio/los-pastos-diamantes-en-eterna-disputa/
- INE. Censo Agrario 1999
- INE. Censo Agrario 2020. Fuente: https://experience.arcgis.com/experience/a027c6972dd04b9eb4e4db74259c75d9/
- Los Ojos (2023). Wyngaerde en Cuenca: Piedra y agua; Lana y paños https://losojos.es/wyngaerde/wyngaerde-en-cuenca-piedra-y-agua-lana-y-panos/
- Fuente: losojos.es
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