viernes, 26 de junio de 2026

Una cantera, la diosa Minerva y un misterio oculto en tierras de Cuenca

El hallazgo de un santuario rupestre en Campos del Paraíso aporta nuevas claves sobre la religiosidad romana


SER Cuenca


A veces los grandes descubrimientos arqueológicos no aparecen en templos monumentales ni en ciudades enterradas bajo siglos de historia. Surgen en lugares mucho más discretos.

Es el caso de una antigua cantera romana de arenisca situada en Campos del Paraíso, donde un pequeño santuario dedicado a la diosa Minerva ha permitido abrir una nueva línea de conocimiento sobre la vida religiosa y laboral en el territorio de Segóbriga hace casi dos mil años.

El hallazgo, dado a conocer por los arqueólogos María José Bernárdez Gómez y Juan Carlos Guisado di Monti, documenta la existencia de una pequeña aedícula (edícula, pequeño templo o edificio en miniatura) tallada directamente en la roca de la cantera.

La estructura conserva una inscripción votiva y los restos de una representación de Minerva, protectora de la sabiduría, los oficios y la inteligencia técnica.

                           Detalle del templete y su inscripción dedicada a Minerva. / José Martínez Hernández

Una cantera y un espacio sagrado

El santuario se encuentra en una antigua explotación de arenisca situada en el actual término municipal de Campos del Paraíso, dentro de un territorio estrechamente vinculado a la ciudad romana de Segóbriga, en la provincia de Cuenca, y al aprovechamiento de recursos minerales y pétreos.

Según explicó Juan Carlos Guisado di Monti en una entrevista en Hoy por Hoy Cuenca, “estamos ante un santuario con una edícula muy parecida a las que salieron en el siglo XVI cerca de Segóbriga dedicadas a la diosa Diana. En este caso, el santuario de Campos del Paraíso está dedicado a la diosa Minerva”.

     Santuario rupestre dedicado a la diosa romana Diana. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

La estructura fue excavada directamente en uno de los frentes de cantera y ha llegado hasta nuestros días muy erosionada por el paso del tiempo. De la figura principal apenas se conservan algunos rasgos identificativos y un elemento considerado clave para reconocer a la divinidad representada.

“De la diosa Minerva apenas se vislumbra nada. Lo que se aprecia claramente es un mochuelo, que es el ave totémica que representa a Minerva”, explicó el arqueólogo.

Una inscripción

Uno de los elementos más relevantes del descubrimiento es la inscripción conservada bajo el relieve. El texto menciona a Minerva como “Domina”, es decir, “Señora”, y recoge el nombre de quien promovió la dedicación: Plotius Vigor.

La inscripción añade además una referencia singular: la ofrenda fue realizada “con su comitiva” o “con su grupo”. Para los investigadores, esta fórmula permite interpretar el monumento no como un acto individual, sino como una manifestación colectiva de devoción vinculada a quienes trabajaban o desarrollaban su actividad en el entorno de la cantera.

“Plotius Vigor hace ese homenaje a la diosa con su comitiva, donde él es el personaje principal”, explicó Guisado. La identidad exacta de ese grupo sigue abierta a distintas interpretaciones. Podría tratarse de un destacamento militar, un colectivo artesanal, trabajadores especializados o incluso personal vinculado a la administración romana.

    Desarrollo de la inscripción votiva a Minerva Domina dedicada por Plotius Vigor y su séquito. / José Martínez Hernández

Minerva, protectora de los oficios

La elección de Minerva tampoco parece casual. La diosa romana era protectora de la inteligencia, los oficios especializados, la técnica y determinadas actividades relacionadas con el conocimiento práctico. Precisamente una cantera requería organización, planificación y mano de obra cualificada para la extracción y transporte de los materiales.

Según recoge el estudio, el santuario constituye un ejemplo de cómo economía y religión convivían en un mismo espacio. “La cantera no fue únicamente un espacio de producción. Fue también un lugar de identidad compartida”, destaca la investigación.

Para Guisado, este tipo de enclaves representan espacios intermedios entre el mundo natural y el humano, lugares donde el trabajo cotidiano podía convivir con la expresión de las creencias religiosas.

Detalle de la edícula con la representación del mochuelo de Minerva como animal totémico y situado sobre su escudo, en su típica pose con la cabeza girada.

El hallazgo no aparece aislado dentro del panorama arqueológico conquense. El investigador recordó durante la entrevista la existencia de otros testimonios relacionados con Minerva y con diferentes cultos romanos repartidos por la provincia.

Entre ellos citó el templo dedicado a Minerva descubierto en Segóbriga, así como un santuario vinculado a las ninfas en el entorno de la Virgen de Urbanos, en Torrejoncillo del Rey. “Tenemos epígrafes de Minerva tanto en Ercávica como en Segóbriga, en Valeria y en otros puntos de la provincia”, explicó.

Imagen de recreación histórica de trabajo y transporte en una cantera de arenisca. / Equipo de investigación Lapis Specularis

El origen del hallazgo

Aunque el estudio se publica ahora, Guisado aseguró que el lugar era conocido por su equipo desde hace décadas gracias a sus trabajos de investigación sobre minería romana y patrimonio histórico en la comarca.

El arqueólogo explicó que la cantera ya figuraba en estudios geológicos previos y que fue un vecino de la zona quien llamó la atención sobre la existencia del relieve y la inscripción hace años.

“Es el típico hallazgo que un vecino local nos comunicó hace ya bastantes años. Lo hemos estado trabajando durante mucho tiempo y ahora hemos decidido hacerlo público”, relató.

La polémica por la difusión

La repercusión mediática del descubrimiento ha venido acompañada de una controversia científica. Los responsables de las excavaciones arqueológicas del Cerro de la Muela difundieron recientemente un comunicado en el que lamentaban la publicación de resultados pertenecientes, según sostienen, a una investigación en curso desarrollada desde 2014 y todavía pendiente de publicación definitiva.

En ese comunicado reivindican la autoría de los trabajos realizados en la cantera y consideran preocupante que los resultados hayan sido difundidos sin la participación del equipo que dirigió las excavaciones.

Preguntado por esta cuestión, Guisado defendió la legitimidad de hacer públicos los resultados y mostró una postura crítica respecto a los retrasos en la publicación científica. “Si llevamos desde 2014 y estamos en 2026, no se puede dejar a la ciudadanía sin una información que es básica”, afirmó.

El arqueólogo sostuvo además que el santuario y el Cerro de la Muela corresponden a realidades arqueológicas diferentes y reivindicó la trayectoria investigadora de su equipo en el territorio. “Nosotros seguiremos publicando, seguiremos investigando y seguiremos sacando ese patrimonio romano que creo que el ciudadano debe disfrutar”, aseguró.

Una cantera que vuelve a hablar

Más allá de la polémica, el hallazgo del santuario rupestre de Minerva aporta una nueva pieza al complejo mosaico histórico del territorio segobrigense. La pequeña edícula esculpida en la roca permite asomarse a una religiosidad cotidiana, alejada de los grandes templos urbanos y vinculada directamente a quienes trabajaban y vivían en estos espacios productivos.

Casi dos mil años después, la inscripción de Plotius Vigor y su comitiva sigue transmitiendo el mismo mensaje que quiso dejar grabado en la piedra: la voluntad de una comunidad de dejar constancia de su fe, de su identidad y de su presencia en un paisaje que todavía hoy continúa revelando nuevos secretos del pasado romano.

Fuente: cadenaser.com

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