viernes, 1 de abril de 2016

Castro del cerro de Castillejo en Naharros (Cuenca)


Olvidados en la cumbre de un cerro cónico de mediana altura, no mucho ha repoblado de pinos, yacen los restos del que fuera un asentamiento prerromano, quizás celtibérico, más posiblemente carpetano, en cualquier caso muy arrasados en la actualidad pero que aún conservan algunos vestigios de su pretérita monumentalidad. Se trata de un yacimiento prospectado así como parcialmente excavado en 1989 por A. Gómez Ruiz y M. Sierra Delage, quienes hubieron de asistir previamente al desmantelamiento de buena parte de las estructuras conservados como consecuencia de las labores de remoción de tierras propias de la repoblación forestal por entonces acometida. Mucho debió ser, en efecto, lo destruido hace quince años, si bien aún pudieron preservarse los restos confusos de dos recintos amurallados situados en la ladera del cerro a diferente cota, seguidos de otros tantos aterrazamientos defensivos, el más interno de los cuales daba paso a una suerte de meseta en cuya superficie, la cumbre del cerro en sí, se alzara un tercer recinto, evidentemente el principal y del cual pueden contemplarse aún restos de cierta importancia. Entrando ahora en una descripción más pormenorizada del yacimiento, puede comenzarse por resumir el estado actual de las dos primeras murallas como de ruina completa, conservándose apenas un derrumbe poco aparatoso y alguna que otra hilada de mampuestos sin desbastar, aparentemente colocados en seco. El tercer recinto, sin embargo y como ya se dijera, aparece un poco mejor conservado, destacando al primer vistazo la mejor factura de sus paramentos, cosa lógica dada su condición de última defensa del asentamiento prerromano. Así, aún son dignos de ver los regulares mampuestos, lo suficientemente tallados en ocasiones como para clasificarse de sillares, dispuestos en hiladas cogidas con barro formando un paramento externo, único visible en la actualidad y que a buen seguro se repetiría en el intradós, delimitando entre ambos un núcleo típico de tierra y cantos, tan propio de la fortificación antigua. Pero lo que más destaca del Castillejo de Naharros no es el paramento descrito, muy dañado por lo demás, sino cierta defensa poliorcética dispuesta en la zona sudoriental de esta suerte de acrópolis superior, a la sazón la más accesible y por ello vulnerable del recinto en razón de la escasa pendiente de la meseta en ese punto: en cualquier caso de considerable valor defensivo dada la acusada verticalidad del resto de sus taludes. 

Dicha defensa es en realidad un cubo de flanqueo de geometría troncocónica, con algo más de dos metros y medio de altura descubierta en la actualidad y que en excavación resultó ser de 4,40 metros medido desde su coronamiento hasta la cimentación. En bastante buen estado de conservación, parece haberse deteriorado un poco desde el año 89 en que se descubriera: hecho tan lamentable como coherente dado su estado de total abandono, que lo expone a los acusados rigores ambientales de la comarca. En cuanto a su manufactura, su paramento externo está ejecutado en una mampostería de mediano tamaño y aceptable desbaste ligada con barro, relleno posteriormente de tierra y piedras al interior. Según informaciones de los excavadores, el cubo mostraba en su momento ciertos vestigios de haber estado recubierto de arcilla a fin de impedir su escalada a un posible asaltante. Hoy en día dichos indicios no se aprecian con suficiente claridad posiblemente por haber sido lavados por las lluvias de todos estos años. Por otra parte es apropiado comentar que este cubo debió contar en el pasado con un hermano gemelo dispuesto seis metros a levante –así se verificó en una cata excavada--, sirviendo ambos para crear una entrada fortificada, con toda probabilidad la de acceso al interior del tercer recinto y del asentamiento en sí. En cuanto a la historia del Castillejo de Naharros, poco es lo que se sabe con seguridad. Carente por imposición forestal de una excavación en profundidad que sirviera para arrojar suficiente luz sobre el asunto, al menos las actividades de movimiento de tierras dejaron al descubierto, por encima del nivel de destrucción de la muralla, un potente estrato de carbón y cenizas: fiel reflejo de una destrucción –definitiva pues la fortificación nunca se reconstruyó-- provocada en ese lejano pasado que hoy denominamos con el aséptico nombre de Edad del hierro II. Llegados a este punto merece la pena comentar que sí que es posible asegurar la pertenencia de las estructuras actuales a esa época, toda vez que los pocos restos cerámicos que aún pueden encontrarse por el cerro –había muchos más y fueron recogidos durante la prospección del 89 por lo que estarán en alguna parte—pertenecen a recipientes fabricados a torno siguiendo modelos típicos de la segunda Edad del Hierro: paredes finas, pastas de aceptable calidad con engobes... Por otro lado, parece un hecho cierto que el castro no sobrevivió a la invasión romana tal y como señala la ausencia de cerámica romanas entre los muchos fragmentos recogidos por los excavadores. Esto quiere decir que o bien el asentamiento fue destruido antes de la llegada de las legiones a tierras conquenses, en alguna reyerta entre pueblos prerromanos, o bien lo fue como consecuencia de la presencia de Roma en estas tierras allá por el siglo II a.C, hipótesis ésta a mi juicio la más verosímil al poderse relacionar con los estratos de incendio documentados en otros castros de la comarca así como con el asedio y conquista romana de la principal ciudad carpetana de la zona: la Contrebia Cábica citada en los textos clásicos, cuyas ruinas se han localizado no hace mucho en el yacimiento de Fosos de Bayona, en el término municipal de Villa Vieja.

       

Cómo llegar.

El Castillejo se encuentra a un par de kilómetros aproximadamente al noroeste de la localidad conquense de Naharros, siendo fácil acceder a él tomando la carretera que, partiendo de la N-400, lleva a Pineda de Cigüela y desviándose a la derecha por un camino rural tras recorrer cosa de un kilómetro por la citada vía. Como es necesario subir a la cumbre del cerro del Castillejo para reconocer las estructuras antiguas, resulta necesario saber de antemano cual es. Esto no es difícil al tratarse de una elevación aislada, más baja que sus hermanas mayores sitas a oriente y de las cuales constituye el último representante antes de abrirse otra vez el paisaje castellano. El hecho, además, de estar también cubierto de pinos sirve para impedir cualquier confusión con otros cerros cercanos no pertenecientes a la estribación en cuestión. Acceso libre. Quiero mandarles un saludo a los arqueólogos A. Gómez Ruiz y M. Sierra Delage por si algún día leyeran esto.
Fuente: www.celtiberia.net
Fotos: Alfonso Romero

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